Principios básicos sobre higiene para contener el coronavirus

Higiene ¿qué es eso?

La anterior puede parecer una pregunta trivial, incluso impertinente, pero resulta oportuna en la actual coyuntura de pandemia informativa (hoy oficializada por la OMS), generada por nuestro, ya familiar, coronavirus.

El diccionario de La RAE ofrece dos acepciones:

1. f.  Parte de la medicina  que tiene por objeto la conservación de la salud y la prevención de enfermedades.
2. f. Limpieza o aseo.

Sin intentar usurpar labores de académico, pero para mejorar la comprensión del concepto, yo diría que la limpieza y el aseo son herramientas, de uso universal, que colaboran de forma muy importante al mantenimiento de la salud mediante la prevención de distintas y múltiples enfermedades.

Si vamos a hablar de prevención de contagios y contaminaciones varias, deberíamos comenzar por distinguir la metodología higiénica racional de los comportamientos compulsivos que, habitualmente, no cuentan con la eficacia deseable.

No se trata de nadar en lejía ni utilizar trajes de astronauta, tampoco fumigar con antiséptico nuestro entorno y a quienes se aproximan a él. 

Principios que forman parte de esta metodología

1.- Evitar en lo posible el contacto con elementos claramente sucios y contaminados (basuras, contenedores, objetos en el suelo),  o excesivamente manoseados (dinero, barras de sujeción de transporte público…).

2.- Lavarse inmediata y correctamente las manos tras esos contactos inevitables (agua y jabón por toda la superficie y entre los dedos); pueden ser útiles los geles hidroalcohólicos cuando el lavado no es posible.

3.- Es importante saber que es más útil el alcohol de 70° que el de 96° (la acción más rápida de este último puede dañar la cubierta externa de algunos microorganismos, impidiendo su penetración para una destrucción total; el de 70° penetra más eficazmente).

4.- Procurar mantener el espacio vital entre personas; esto no evita que las toses o estornudos  puedan colarse en ese espacio, pero debemos tener en cuenta que las pequeñas gotas espiradas, adquieren mayor capacidad de contagio por su acumulación en cualquier superficie, que por una posible aspiración directa. 

5.- No transportar a nuestra casa nada que no sea nuestro. Los establecimientos de moda no venden equipos de contención biológica, sino prendas elaboradas con tejidos, en general, muy absorbentes de cualquier tipo de partícula; por eso es muy importante no utilizar en casa la ropa que usamos en la calle, fundamentalmente el calzado. A veces vemos esas fábricas tan limpias en las que parece que podríamos “comer en el suelo”, es falso: la gravedad juega a la contra, incluso en los ambientes extremadamente limpios. En la calle, además, tenemos insectos, charcos, filtraciones de aguas residuales, restos de mascotas con cuidadores poco cuidadosos y de personas poco respetuosas y/o aseadas… en pocas palabras, nos movemos sobre secreciones de muy diferente índole y procedencia.

6.- Aunque el coronavirus, como muchas otras infecciones víricas o bacterianas, no se ha definido como una enfermedad de transmisión alimentaria, debemos tener en cuenta que los alimentos constituyen una superficie de materia orgánica qué debe ser protegida de toses, estornudos y conversaciones animadas y multitudinarias. Las tapas y raciones en bares y restaurantes, deben estar en vitrinas o refrigeradores.

7.- No debemos olvidar prestar una especial atención a los niños, que no solo vienen con los ojos abiertos de par en par, sino también, con su boca y su nariz presentando una gran avidez por saborear esas extremidades, compulsivamente prensiles, para alimentar sus mucosas y las de sus compañeros de fatigas, suponiendo que la fatiga sea un parámetro a considerar a esa edad.

8.- Imposible no mencionar a esos amantísimos progenitores que recogen un chupete del suelo, en la calle, y lo ofrecen de nuevo a sus vástagos previamente chupeteados. Sí, la saliva contiene lisozima, la cual tiene cierta actividad antiséptica; pero nuestra boca no es una cámara de óxido de etileno para esterilizar material quirúrgico.

9.- Ahora que los tendremos en casa, podríamos aprovechar para enseñarles todas estas normas de higiene, que les resultarán útiles durante toda su vida. Este saber aprendido a lo largo de generaciones, compone lo que llamamos “Métodos culturales”, eficaces en higiene, control de plagas y prevención de riesgos en general.

10.- Ya sabemos que “en casa de herrero, cuchillo de palo”, las noticias nos hablan de médicos contagiados fuera de su ámbito laboral, en situaciones no consideradas de riesgo. Ahí aparece el maldito exceso de confianza o, en castellano: “no pasa nada”, o “yo controlo”, incluso: “a mí me lo vas a decir”. Cuidado, el exceso de confianza no figura en las estadísticas, pero está detrás de accidentes laborales, domésticos, de circulación…Es uno de los principales enemigos en prevención de la salud.

11.- No se puede citar el exceso de confianza y no hablar del exceso de celo, por ejemplo el uso de mascarillas; ya se nos ha dicho que no es necesario, pero quizá no se nos ha informado de que el uso de material de contención biológica, requiere del conocimiento y respeto de los protocolos adecuados. Es absurdo utilizar una mascarilla que nos ponemos y quitamos con las manos sucias, tocándonos repetidamente nariz, ojos y boca para ajustarla cómodamente, convirtiéndola finalmente en un reservorio húmedo de cualquier tipo de contaminante (coronavirus incluido). Debemos manejar la máxima que usan los médicos: “aquello que no está indicado, está contraindicado”.

12.- El miedo, a veces no guarda la viña sino que bloquea la protección; el crecimiento exponencial de los contagios no es una rara característica del coronavirus, es el comportamiento normal cuando hablamos de microorganismos. No hay que paralizarse por el miedo, hay que actuar.

13.- Actuar con sentido común, respetar los consejos de la Autoridad Sanitaria y, sobre todo, mucha limpieza. El agua y el jabón, a lo largo de los siglos, han salvado más vidas que la penicilina, y además no generan resistencia.

Lorenzo Vidal Sánchez
Biólogo, especialista en Higiene y Seguridad Alimentaria