Las formas de vida: los 5 reinos.
Una de las principales consecuencias de la competencia evolutiva es una diversidad extraordinaria en el mundo vivo. Las estimaciones más citadas calculan que compartimos el planeta con unos 8,7 millones de especies de organismos eucariotas (Mora et al., 2011), de las que solo hemos descrito una fracción. Todos esos organismos difieren en la organización de su cuerpo, en sus patrones de reproducción, crecimiento y desarrollo, y en su comportamiento.
Frente a esa diversidad abrumadora, la biología necesita agrupar. Y agrupar bien no consiste solo en ordenar por parecidos y diferencias, sino en reflejar las relaciones evolutivas entre los distintos grupos. De ahí que la clasificación de los seres vivos no sea un catálogo cerrado, sino una hipótesis científica que se revisa cada vez que la evidencia lo exige.
Una clasificación que no ha dejado de cambiar
El esquema de los cinco reinos que muchos y muchas estudiamos en el instituto lo propuso Robert Whittaker en 1969, y lo popularizó después Lynn Margulis: Monera, Protista, Fungi, Plantae y Animalia. Es el que vamos a recorrer en esta entrada, porque sigue siendo una puerta de entrada muy útil a la diversidad biológica.
Ahora bien, conviene saber que hoy ya no es el marco de referencia. Dos revisiones posteriores lo han transformado:
- El sistema de tres dominios (Carl Woese, 1990). Comparando el ARN ribosómico, Woese y sus colaboradores descubrieron que dentro de lo que llamábamos «bacterias» había en realidad dos linajes tan distintos entre sí como cualquiera de ellos lo es de nosotros. Nació así una división en tres dominios —Bacteria, Archaea y Eukarya— que es el esqueleto filogenético que se maneja hoy: los cinco reinos clásicos son, en esa lectura, poco más que una rama del árbol.
- La propuesta de siete reinos (Ruggiero et al., 2015). Partiendo del trabajo de Thomas Cavalier-Smith, este equipo publicó en PLoS ONE una clasificación de consenso con siete reinos: Archaea, Bacteria, Protozoa, Chromista, Fungi, Plantae y Animalia. Los dos reinos «cajón de sastre» del esquema clásico —Monera y Protista— se desdoblan, porque su diversidad interna era sencillamente insostenible.
Con esa advertencia sobre la mesa, vamos reino a reino.
Reino Monera
El reino Monera reúne las formas de vida más antiguas que conocemos: organismos diminutos y estructuralmente simples, cada uno reducido a una sola unidad, la célula. Son los procariotas. El término significa literalmente «antes del núcleo» y describe su rasgo más característico: carecen de núcleo delimitado por membrana y de la mayoría de los orgánulos que sí encontramos en las demás células.
Los primeros procariotas aparecieron hace al menos 3.500 millones de años, en una Tierra muy distinta de la actual, y fueron sus únicos habitantes durante más de dos mil millones de años. Que hoy sigan siendo, en biomasa y en número, los seres vivos dominantes del planeta dice bastante de lo bien que les ha ido.
En las clasificaciones actuales, este grupo se separa en dos linajes —reinos en la propuesta de Ruggiero, dominios en el sistema de Woese—:
- Bacteria. Procariotas con pared celular de peptidoglicano (mureína), un polímero que les da resistencia mecánica y osmótica y que es, no por casualidad, la diana de antibióticos como la penicilina.
- Archaea. También procariotas, pero bioquímicamente muy distintas de las bacterias: sus membranas están formadas por lípidos con enlaces éter y cadenas isoprenoides (en lugar de enlaces éster y ácidos grasos), carecen de peptidoglicano y su maquinaria de transcripción y traducción se parece más a la nuestra que a la bacteriana. Muchas prosperan en ambientes extremos —salinas, fuentes hidrotermales, entornos anóxicos—, aunque también abundan en suelos y océanos templados.

Reino Protista
La segunda gran categoría es la de los protistas. También son, en su mayoría, organismos unicelulares —aunque hay excepciones notables, como las algas pardas pluricelulares—, pero sus células son radicalmente distintas de las procariotas: son eucariotas, es decir, «con núcleo verdadero». Lo mismo ocurre con las células de los tres reinos restantes.
Buena parte de la comunidad científica considera que la transición de la célula procariota a la eucariota fue el acontecimiento más trascendental de la historia de la vida, solo superado por la aparición de los propios sistemas vivos. Los protistas son un conjunto extremadamente heterogéneo y contienen algunas de las células más complejas y versátiles que existen. Son protistas, por ejemplo, las amebas, los paramecios y numerosas formas de algas.
Precisamente por esa heterogeneidad, las clasificaciones modernas lo fragmentan. En la propuesta de siete reinos se reparte en:
- Protozoa: eucariotas mayoritariamente unicelulares y heterótrofos, como amebas, paramecios o los tripanosomas causantes de la enfermedad del sueño.
- Chromista: un linaje que agrupa organismos cuyos plastos —cuando los tienen— proceden de una endosimbiosis secundaria con un alga roja. Incluye a las diatomeas y las algas pardas, pero también a organismos no fotosintéticos como los oomicetos (entre ellos Phytophthora infestans, responsable del mildiu de la patata). Conviene subrayarlo: no todos los cromistas son fotosintéticos.

Reino Fungi
El tercer reino es el de los hongos: mohos, levaduras y setas, entre otros. Su forma de ganarse la vida no se parece a la de ningún otro grupo. Los hongos son heterótrofos por absorción: liberan enzimas al medio, digieren fuera de su cuerpo las macromoléculas complejas que encuentran —en el suelo, en el agua, en la madera, en el cuero, incluso sobre la piel humana— y absorben después las moléculas pequeñas resultantes.
Su cuerpo suele estar formado por masas de filamentos muy finos, las hifas, cuya enorme superficie permanece en contacto directo con la fuente de nutrición. Y su pared celular no es de celulosa, como en las plantas, sino de quitina, el mismo polímero del exoesqueleto de los artrópodos: un detalle que ilustra hasta qué punto los hongos están evolutivamente más cerca de los animales que de las plantas.

Reino Plantae
Las plantas son organismos pluricelulares fotosintéticos: captan la energía de la luz solar y, mediante la fotosíntesis, la transforman en las moléculas complejas con las que construyen su propio cuerpo. Azúcares, proteínas y aceites que después se convierten, directa o indirectamente, en la fuente de energía de prácticamente toda la vida animal.
Su pared celular de celulosa y sus cloroplastos —herencia de una antigua endosimbiosis con una cianobacteria— son dos de sus señas de identidad.

Reino Animalia
El quinto reino, el de los animales, agrupa organismos pluricelulares heterótrofos, que dependen de otros seres vivos —plantas u otros animales— para alimentarse.
Desde nuestro punto de vista antropocéntrico tendemos a pensar en «animal» como sinónimo de «mamífero», pero la realidad es muy distinta: se han descrito más de un millón y medio de especies animales, y alrededor del 95 % son invertebrados. Solo los insectos superan el millón de especies descritas. Si hubiera que elegir un animal representativo por criterios estadísticos, sería un escarabajo.

Una clasificación viva
En poco más de un siglo, nuestro conocimiento sobre la diversidad de los organismos —pasados y presentes—, sobre los procesos que ocurren en su interior y sobre las relaciones que mantienen entre sí ha superado con creces todo lo acumulado en los siglos anteriores. Esa explosión de conocimiento, que no deja de acelerarse, es consecuencia directa de una forma concreta de mirar el mundo: la que llamamos ciencia (del latín scientia, «conocimiento»).
Y esa misma ciencia es la que nos obliga a revisar los cinco reinos. No porque fueran un error, sino porque funcionaron tan bien que nos permitieron llegar a las preguntas que hoy los desbordan.
Para saber más
Ruggiero, M. A. et al. (2015). A higher level classification of all living organisms. PLoS ONE, 10(4), e0119248.
Curtis, H., Barnes, N. S., Schnek, A. y Massarini, A. (2008). Biología (7.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
Whittaker, R. H. (1969). New concepts of kingdoms of organisms. Science, 163(3863), 150-160.
Woese, C. R., Kandler, O. y Wheelis, M. L. (1990). Towards a natural system of organisms. PNAS, 87(12), 4576-4579.
Mora, C., Tittensor, D. P., Adl, S., Simpson, A. G. B. y Worm, B. (2011). How many species are there on Earth and in the ocean? PLoS Biology, 9(8), e1001127.

