Las plantas se comunican a través de señales químicas

Bajo una aparente quietud, el reino vegetal mantiene conversaciones complejas que la ciencia apenas comienza a descifrar.

Durante siglos, la humanidad contempló a las plantas como organismos pasivos, anclados al suelo y sometidos sin resistencia a las fuerzas del entorno. Sin embargo, las últimas décadas de investigación han revelado una realidad asombrosa: las plantas se comunican entre sí, advierten a sus vecinas sobre peligros inminentes y coordinan respuestas colectivas mediante un sofisticado repertorio de señales químicas.

Un grito molecular ante el peligro

Cuando una oruga comienza a devorar las hojas de un tomate, la planta no permanece indiferente. En cuestión de minutos, las células dañadas liberan al aire compuestos orgánicos volátiles (COV), moléculas gaseosas que funcionan como verdaderas señales de alarma. Estas sustancias —entre las que destacan el metil jasmonato, el etileno y diversos terpenos— viajan por el aire y son captadas por plantas vecinas, que activan mecanismos de defensa antes incluso de haber sido atacadas.

Este fenómeno fue documentado por primera vez en 1983 por los ecólogos David Rhoades y Gordon Orians, quienes observaron que sauces sanos situados cerca de ejemplares infestados por insectos aumentaban la producción de compuestos tóxicos en sus hojas. Desde entonces, estudios realizados en artemisas, tabaco silvestre, maíz y decenas de otras especies han confirmado que esta «comunicación aérea» es un mecanismo extendido en el reino vegetal.

El internet subterráneo: redes de hongos

Las señales químicas no solo viajan por el aire. Bajo la superficie del suelo, la mayoría de las plantas terrestres establecen asociaciones simbióticas con hongos micorrícicos, cuyos filamentos microscópicos —las hifas— conectan las raíces de individuos diferentes, a veces de especies distintas. A través de esta red, bautizada informalmente como wood wide web, las plantas intercambian nutrientes, azúcares y, crucialmente, moléculas de señalización.

Investigaciones lideradas por la ecóloga Suzanne Simard, de la Universidad de Columbia Británica, demostraron que los árboles de un bosque pueden enviar carbono y señales de defensa a ejemplares jóvenes o debilitados a través de estas redes fúngicas. El hallazgo sugiere un nivel de cooperación que desafía la visión tradicional de la naturaleza como un escenario exclusivamente competitivo.

Pedir refuerzos al enemigo de mi enemigo

Quizá una de las estrategias más ingeniosas sea el reclutamiento de aliados. Cuando las plantas de maíz son atacadas por larvas de Spodoptera frugiperda (cogollero del maíz), liberan una mezcla específica de volátiles que atrae a avispas parasitoides, depredadoras naturales de esas larvas. La planta, incapaz de huir o luchar físicamente, convoca a un tercero para que elimine la amenaza. Este mecanismo, conocido como defensa indirecta, ha sido verificado también en algodón, judías y diversas especies forestales.

plantas
¿Comunicación o simple química?

El debate científico actual gira en torno a una pregunta fundamental: ¿se trata de comunicación genuina o de simples subproductos metabólicos que otras plantas han aprendido a «espiar»? Algunos investigadores, como Richard Karban, de la Universidad de California en Davis, argumentan que, independientemente de la intención, el resultado funcional es equivalente: la información se transmite y modifica el comportamiento del receptor. Otros prefieren hablar de «escucha química» para evitar atribuir intencionalidad a organismos sin sistema nervioso.

Un cambio de paradigma

Lo cierto es que estos descubrimientos están transformando nuestra comprensión de la biología vegetal. Las plantas no son entidades aisladas, sino miembros activos de comunidades interconectadas donde la información fluye constantemente. Reconocer esta complejidad tiene implicaciones prácticas: desde el diseño de cultivos que aprovechan las defensas químicas naturales hasta estrategias de conservación forestal que preservan las redes subterráneas de comunicación.

La próxima vez que pasees por un bosque o un jardín, recuerde que bajo ese aparente silencio se desarrolla una conversación química incesante. Las plantas hablan. Solo hacía falta que aprendiéramos a escuchar.

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