Fecha/Hora
Date(s) - 23/02/2026
19:00
Categorías
La depresión es una enfermedad mental causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales/sociales y psicológicos, caracterizada por tristeza persistente y pérdida de interés por las actividades con las que antes normalmente se disfrutaba, así como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas (OMS). La depresión puede ser leve, moderada o grave, y durar unas pocas semanas, varios meses o incluso años. La Encuesta de Salud de España publicada en 2025 señalaba que el 14,6% de la población de 15 o más años presentaba un cuadro depresivo durante las dos semanas anteriores a la entrevista y un 8,0% un cuadro depresivo severo, con un riesgo 2-3 veces mayor en mujeres que en hombres. Estas cifras indicaban que la prevalencia de la depresión grave había aumentado 5,5 puntos y los restantes cuadros depresivos 3,7 puntos con respecto a 2020. El informe concluía que estas cifras indican que la depresión representa un problema de salud muy preocupante en España.
El tratamiento de la depresión va dirigido a conseguir su remisión completa, evitar las recaídas y recuperar la calidad de vida que el paciente tenía antes de la enfermedad. Ello requiere la administración de fármacos antidepresivos que, junto a la psicoterapia, representan la base del tratamiento. En la actualidad disponemos de un gran número de fármacos antidepresivos, observándose que los nuevos fármacos son más seguros y eficaces que los antiguos. Lógicamente, si la prevalencia de la depresión aumenta no debe ser una sorpresa el reciente informe de COFARES (de octubre de 2025) en el que se menciona que la demanda de antidepresivos en las farmacias comunitarias ha crecido un 24% en el último año.
Es el momento de plantear varias preguntas como: ¿cuáles son las causas de este aumento en la prevalencia de la depresión en España, que podría explicarse simplemente por un mejor diagnóstico de la depresión. ¿Qué motivos pueden explicar el marcado incremento en el consumo de antidepresivos ?, que podría relacionarse con el uso de estos fármacos para tratar trastornos no relacionados con la depresión (ansiedad, insomnio, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos alimenticios, dolor crónico, crisis de pánico, fobias, estrés postraumático, apoyar el tratamiento de adicción a drogas), un cambio en los valores y comportamientos sociales o la limitación de acceso a la psicoterapia. Otro aspecto importante es saber si se está realizando una prescripción racional (indicación clínica correcta, selección del fármaco más adecuado, dosis y cambios y duración del tratamiento) de los antidepresivos en los distintos niveles de la atención sanitaria y analizar qué riesgos conlleva su uso crónico (reacciones adversas, dependencia física, síndrome de discontinuación, episodios de manía/hipomanía, pensamientos suicidas). También deberíamos analizar los motivos por los que un importante porcentaje (estimado entre el 10% y el 30%) de los pacientes con depresión mayor no responden a los tratamientos habituales. Parafraseando al Prof. Vieta, aunque queda un largo camino hasta conseguir que los fármacos antidepresivos resuelvan todos los problemas asociados a la depresión, estos fármacos salvan vidas y ayudan a millones de personas a recuperar su vida previa, trabajo y familia.

