Candida auris, el preocupante hongo superresistente
Nota de actualización (julio de 2026). Este artículo se publicó originalmente en abril de 2023. Desde entonces se han producido cambios relevantes que se recogen al final del texto: la especie fue reclasificada en 2024 dentro del género Candidozyma, la OMS la mantiene en su grupo de prioridad crítica y el diagnóstico molecular se ha consolidado como método de referencia. Los datos epidemiológicos citados en el cuerpo del artículo corresponden a la fecha de publicación original.
Desde su primera identificación en 2009, el número de infecciones causadas por el hongo Candida auris no ha dejado de aumentar. Provoca graves infecciones en pacientes hospitalizados a través del torrente sanguíneo. Es resistente a la mayoría de antifúngicos existentes y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) lo clasifican ya como «amenaza urgente», el nivel de preocupación más alto para una enfermedad.

SCIENCE PHOTO LIBRARY / ALAMY STOCK PHOTO
Convivimos con el género Candida
El hongo del género Candida está presente en nuestro cuerpo sin causar problema alguno, mayoritariamente en la piel, la boca, la garganta, los intestinos o la vagina. En caso de provocar infección, esta suele ser superficial y fácilmente tratable con medicamentos antifúngicos. Son las llamadas candidiasis, y las especies más comunes en causar dichas infecciones son C. albicans, C. glabrata, C. parapsilosis, C. tropicalis o C. krusei.

Infeccioso, resistente y difícil de identificar
Candida auris es una especie más de este género, pero con un comportamiento muy distinto al de sus parientes cercanas: es capaz de entrar en el torrente sanguíneo y causar graves infecciones invasivas, sobre todo en pacientes ya hospitalizados previamente y con el sistema inmunitario debilitado. Estas candidiasis invasivas reciben el nombre de candidemias, y se diferencian de las candidiasis superficiales en que son infecciones mucho más graves. La principal razón es que, al poder infectar la sangre, pueden alcanzar órganos tan importantes como el corazón o el cerebro.
Se estima que la mortalidad de C. auris es elevada, de un 30-60 %. Pero es importante recordar que muchos de los pacientes fallecidos por la infección de este hongo ya padecían otras enfermedades graves.
Uno de los aspectos que sin duda preocupa más a las autoridades sanitarias es la dificultad para tratar las infecciones por C. auris, que ha demostrado ser resistente a los principales fármacos antifúngicos en algunos pacientes. Este hongo es, por tanto, un recordatorio más del gran problema sanitario global que supone la creciente resistencia de los patógenos a los medicamentos disponibles.
El otro gran reto que plantea este hongo es su identificación, más complicada que la de otras especies del género. Puede confundirse fácilmente con otras especies de Candida —en particular con el complejo C. haemulonii— si se emplean las metodologías bioquímicas habituales de laboratorio. Por tanto, es esencial disponer de técnicas de identificación adecuadas y específicas.
Un patógeno que persiste en el entorno hospitalario.
A diferencia de la mayoría de las levaduras del género, C. auris combina dos características que explican por qué es tan difícil de contener una vez entra en un hospital: coloniza la piel del paciente de forma prolongada, incluso en ausencia de infección, y sobrevive durante semanas en superficies y dispositivos médicos, con una tolerancia notable a algunos desinfectantes de uso común.
Esta combinación convierte a cada paciente colonizado en un reservorio silencioso y hace que el control de brotes dependa tanto del tratamiento antifúngico como de las medidas de prevención y control de la infección: cribado activo de contactos, aislamiento de contacto, higiene de manos y protocolos de limpieza con productos con eficacia demostrada frente a esporas y levaduras resistentes.
Propagación y situación actual de Candida auris.
La primera identificación de C. auris se produjo en Japón, en 2009. Desde entonces, los CDC han estudiado el genoma de muestras de varias regiones de Asia, África y América. Secuenciar el genoma del hongo permite conocer su «huella dactilar». Así, se sabe que las muestras de cada región son similares, pero relativamente distintas. Estas diferencias indican que C. auris habría surgido en varios lugares en tiempos similares, pero de forma independiente. Aun así, los propios CDC afirman que se necesita investigar más sobre su propagación.
C. auris está presente en España desde 2016, cuando se detectó la primera muestra aislada en el Hospital Universitario La Fe de Valencia. Otro brote tuvo lugar entre 2017 y 2019 en el Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, con 203 pacientes infectados o colonizados y 30 infecciones invasivas diagnosticadas. De hecho, nuestro país es el que más casos reporta de toda Europa.
De acuerdo con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), 1.812 casos de C. auris fueron notificados por 15 países de la Unión Europea entre 2013 y 2021. Entre 2020 y 2021, tanto el número de casos como el de países notificantes fue considerablemente más elevado que en los años anteriores. Es muy probable que la situación hospitalaria durante la pandemia de COVID-19 haya impulsado este aumento.

En Estados Unidos la situación es especialmente preocupante. Más de la mitad de los estados reportan ya algún caso, y el porcentaje de aumento de casos clínicos pasó del 44 % en 2019 al 95 % en 2021. A nivel global, más de 30 países han detectado infecciones por C. auris y, debido a las dificultades técnicas para su identificación, es probable que este número sea más elevado.
¿Quiénes tienen más riesgo de infectarse?

Los pacientes que llevan tiempo hospitalizados por otras enfermedades, con catéteres intravenosos o medicados previamente con antibióticos o antifúngicos parecen ser los que más riesgo presentan de infectarse por C. auris.
Aun así, los datos son escasos y se necesita un mayor y mejor seguimiento de este patógeno emergente multirresistente para determinar con exactitud los factores de riesgo, la mortalidad y las medidas de control y prevención necesarias.
Actualización: qué ha cambiado desde 2023.
Nuevo nombre científico. En 2024, una revisión taxonómica basada en filogenia molecular trasladó esta especie —junto con el resto del complejo C. haemulonii— al género Candidozyma. La denominación válida es hoy Candidozyma auris, aunque la literatura, las guías clínicas y los sistemas de vigilancia siguen empleando ampliamente Candida auris y la abreviatura C. auris, que sirve para ambas. El cambio no es meramente formal: está afectando a la codificación en sistemas de laboratorio y a la trazabilidad de la vigilancia epidemiológica.
Prioridad crítica para la OMS. El patógeno figura en el grupo de prioridad crítica de la lista de patógenos fúngicos prioritarios de la Organización Mundial de la Salud, el mismo escalón que Cryptococcus neoformans, Aspergillus fumigatus y Candida albicans.
El diagnóstico ya no es un reto abierto. Los métodos bioquímicos convencionales siguen siendo poco fiables, pero la identificación por espectrometría de masas MALDI-TOF con bases de datos actualizadas y, sobre todo, la PCR a tiempo real se han consolidado como referencia por su sensibilidad, especificidad y rapidez, y son las técnicas que permiten el cribado activo de colonización. Guías nacionales recientes recomiendan expresamente sustituir los métodos fenotípicos por ensayos moleculares.
Los casos siguen subiendo. La tendencia al alza descrita en 2023 se ha mantenido en Europa y Norteamérica; en Inglaterra, por ejemplo, los casos notificados pasaron de 93 en 2023 a 178 en 2024.
Autora: Beatriz López Muñoz.
Bióloga. Experta en Comunicación Pública y Divulgación Científica (UAM)
Artículo publicado originalmente el 17 de abril de 2023 y actualizado en 2026.

