Los guardianes de la memoria

Creí que era el cazador, navegué por los mares rojos, entre soldados blancos, todos se rendían a mis pies, nadie me vencía. Todas las ciudades quedaron destruidas por mi paso, nadie me paraba. Llegué a conquistar lugares fibrosos, gelatinosos, excitables, estratificados…

Aún recuerdo mi primera conquista, viajé por unos conductos húmedos y llegué a una gran ciudad, una de forma cónica y textura esponjosa. Fue muy fácil invadirla y así destruirla, llegué, despisté al guardia y empecé a reproducirme. Causando así la muerte de muchas personas, entre ellas madres.

Todo era muy emocionante, me encantaba mi trabajo, hasta que llegó mi fin, el día que fui derrotado.

Llegué a una urbe muy lejana y oscura, mi misión era invadir una calle muy larga y estrecha, llena de curvas pronunciadas. Tenía que hacerlo rápido para así pasar desapercibido y poder completar la misión.

Estaba tan seguro de mí mismo que no miré atrás, empecé a replicarme y todos empezamos a atacar e invadir la avenida, y cuando quedaban escasos metros para acabar, los guardianes de la memoria Basilio y Tomás ¡Me reconocieron! ¿Cómo podía ser? ¡Si yo nunca había estado en aquel callejón!

Y ahí entendí que para mí era la primera vez, pero para ellos, era un viejo enemigo.

Autora: Sara Fernández Aguirre. Colegio Ntra. Sra. de las Escuelas Pías de Aluche. 4º ESO.

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